¡Saludos a nuestras queridas hermanas en Cristo! Cuando éramos niños pequeños, probablemente todos disfrutábamos de esa incesante escalada por las piernas de mamá o papá hasta llegar a su regazo o a sus brazos. El triunfo se veía recompensado con abrazos de bienvenida. Del mismo modo, todos compartimos un implacable anhelo interior de ascender hacia Dios. En sus Confesiones, San Agustín afirma: « Tú nos has creado para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». La...

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