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Saludos a las queridísimas Hermanas en Cristo mientras juntos damos la bienvenida a la llegada de un nuevo año litúrgico fresco y revitalizante. Aunque su apertura, la temporada de Adviento, comienza en la estación más oscura y fría de la naturaleza, no pierde tiempo en anunciar la inevitable llegada de la Luz del Mundo. El Adviento ha sido descrito de forma concisa como una temporada de esperanza para nutrir la paz y experimentar alegría en anticipación del amor hecho encarnación a través de Jesús. Nuestras coronas de Adviento se encienden con esta verdad. Las Siete Hermanas podrían mantener ese brillo gracias a las ricas lecturas y temas bíblicos del Adviento para animar nuestras Oraciones de Apostolado.
Que sigamos siendo conscientes de que, mientras vivimos estos días de Adviento y Navidad, estamos en el abrazo final y prolongado del Año del Jubileo (hasta el 6 de enero). Y hermanas, esto no ocurrirá hasta dentro de 25 años. De verdad, se nos da toda oportunidad para cada gracia y bendición.
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A veces las cosas son tan cercanas o demasiado familiares que no las vemos. Consideremos encender una vela en sentido figurado cada semana en Adviento para reflexionar de nuevo sobre cómo su tema puede guiar nuestros pensamientos y oraciones del Apostolado. El sacerdote por el que oramos está abrazando estos mismos temas litúrgicos. Al considerar la primera y segunda venida de Cristo, permitamos que la sagrada misión del Adviento influya en nuestras ofrendas de oración.
+ ESPERANZA:
La primera vela (Vela de la Profecía) nos llama a la predicción de Isaías sobre el nacimiento de Cristo y las promesas de Dios que se cumplirían en el Mesías, Jesús. Nuestra esperanza está arraigada en la naturaleza inmutable de Dios, que es nuestra Esperanza. Nuestras oraciones por el sacerdote/obispo podrían incluir su crecimiento en la virtud teológica de la esperanza; su perseverancia en una dificultad personal actual; o una aguda capacidad para ofrecer palabras pastorales esperanzadoras o consejos en su debido tiempo.
+ PAZ:
La segunda vela (La Vela de Belén) representa el viaje de María y José desde Nazaret hasta Belén. Basándose en la esperanza de la primera vela, tras toda la división y dispersión del Antiguo Testamento, la paz en la Tierra parece estar al alcance. Jesús es la realeza de la Paz, el Príncipe. Él vive perfectamente los Nombres que porta. Las oraciones por el sacerdote/obispo podrían incluir su capacidad para abrazar la tranquilidad en los desafíos del día; su acción hacia la reconciliación para sí mismo o para otros; o que pueda encarnar una paz que supere todo entendimiento.
+ ALEGRÍA:
La tercera vela (Vela del Pastor) nos introduce en una expectativa y acción alegres similares a las de los pastores que viajaron hacia Jesús en Belén, y también respecto a nuestra creciente alegría por su esperado regreso. Las oraciones por el sacerdote/obispo pueden incluir una intensidad interior creciente de que Dios está siempre cerca y actúa para el bien; convertirse en un faro auténtico de alegría para los demás; o ser un modelo firme de entrega a la Voluntad de Dios en y con alegría.
+ AMOR:
La cuarta vela (La Vela del Ángel) apunta al mensaje del amor de Dios anunciado por los ángeles en el nacimiento de Cristo. Las oraciones por el sacerdote/obispo podrían incluir abrir aún más las puertas de su corazón para recibir el amor de Dios y ser un conducto generoso para los demás; desatar miedo en sí mismo y en otros mediante una fuente creciente de amor; o influir conversaciones con palabras sanadoras y misericordiosas.
El Don más generoso de Dios sigue siendo la Encarnación. Todo don fluye de esta realidad. Intensifiquemos nuestras oraciones por nuestros Hermanos en Cristo en celebración de tal don, y que nunca nos cansemos, nunca decaigamos, nunca nos rindamos… y que encontremos beneficio y abundancia de gracias al viajar estos días de Adviento junto a ellos, al resplandor de las velas de Adviento.
Unidas en oración, ayuno y misión, para que nuestras oraciones lleguen al corazón de cada obispo y sacerdote. La gratitud eterna continúa mientras cada una de nosotras ofrece una pequeña Ave María diaria para mí. “Un Ave María hace temblar el infierno” (San Juan Vianney). Reza para que no “estropee la hermosa obra que Dios ha encargado…” (Santa Teresa de Calcuta).
¡Tus correos, notas y llamadas siempre llegan en el momento justo! Los sacrificios económicos representan el 100% del progreso del Apostolado. ¡Tus cartas de testimonio son hermosas y alentadoras! ¡Qué gloria se da a Dios a través de ellas! Ten la seguridad de mis oraciones diarias por ti en el altar.
— Janette (Howe) +JMJ+
